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Thursday, November 02, 2006
Pasiones básicas
A continuación los dejo con el e-mail que me envió Mónica, en relación con mis inquietudes acerca del bien y el mal, que dejé planteadas en el post Caín y Abel. Concuerdo con Mónica, el tema da para mucho...
La invitación a reflexionar sobre el bien y el mal me dejó un tanto desconcertada, yo no manejo esas palabras que me parecen del dominio teológico más que del filosófico y antípoda al psicológico. Para empezar, según tú, la historia bíblica de Caín y Abel es "el hermano celoso mata al hermano bueno" y mi historia es la de un padre injusto que con su favoritismo provoca la envidia y el asesinato.
No manejo el concepto "maldad" y "bondad" desde que dejé de ir a misa, a los doce años, mucho antes que se pusiera de moda el relativismo moral, no lo tengo en mi disco duro —bueno, si es que tengo disco duro— y no tengo un diccionario a mano. Existen las pasiones básicas amor y odio que subyacen y elicitan actos hacia y contra otro(s), eso lo entiendo, esas son tangibles y medibles.
¿Hay personas que se conducen más por amor y otras más por odio? Claro que si. ¿Son las primeras más buenas que las segundas? No, las primeras tuvieron mas suerte, crecieron en un medio donde se enseñaba más a amar que a odiar. Y no desdeño la genética, culpables de los sicópatas y los santos.
Quiero decir, más allá del barniz cultural o de las miles de neuronas aportadas por el neocortex, somos unos animales que cuidan su territorio y sus crías y todo lo que pasa más allá es una película a la que algunos reaccionan más sensiblemente que otros.
Bueno, el tema da para mucho más pero estoy trabajando, tratando que la gente odie menos y ame más.
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Thursday, October 05, 2006
Caín y Abel
La historia bíblica de Caín y Abel es muy evocativa; el hermano celoso mata al hermano bueno…
Ahora, no pretendo profundizar en esta relación; más bien, es el tema del “bien y el mal” el que hace tiempo está golpeando mi puerta. Y, que me atrevo a abordar, apoyado en alguien que haya leído mucho más filosofía que yo, Mónica; porque debo reconocer que soy ignorante en este tema—pero, hay que empezar por algún lado, y como para eso no se necesita mucho, aquí va…
A propósito, Mónica todavía no sabe del requerimiento de sus servicios—estoy contando con provocarla intelectualmente, veremos...
Decía que el “bien y el mal” ha estado llamando mi atención desde hace algún tiempo… Quizás la gota que rebalso el vaso, fue el discurso dieciochero del Papa, en que me sorprendió con su reconocimiento a la influencia helénica sobre la Biblia, que no se limitó a una simple traducción, sino que incluyó, al menos, una profunda alteración: la concepción del Dios occidental; después de Grecia, Dios es bueno—antes, no necesariamente; incluso, podía romper su palabra. Mi interpretación completa del discurso la encuentran aquí.
Pero, aún después de los griegos, Dios deja todos los días que muera gente inocente. Me acordaba de los padres judíos de Norman Finkelstein, que dejaron de creer después del holocausto, después que los nazis asesinaron a sus familiares, junto a otros seis y medio millones de judíos. ¿Y, quién los puede culpar?
Si Dios hace el bien, entonces ¡la cosa parece bastante complicada!
En todo caso, la cuestión del bien pareciera ser una de balances…
Por ejemplo, en una clínica hay seis pacientes: cinco de ellos necesitan un transplante de órgano para sobrevivir—el sexto sólo está resfriado. ¿Estará bien sacrificar al que tiene todos sus órganos, para salvar a los otros cinco? ¿O estará mejor sacrificar a uno de los que iba a morir, para removerle sus órganos y salvar a los otros cuatro, que con el del resfriado, totalizan cinco? ¿Por qué no? ¿Y si uno de los que necesitan transplante es hijo nuestro? ¿O, el del resfrío es hijo nuestro, y nos dicen que lo van a sacrificar? ¿Qué opinaríamos?
Y, quizás, uno más cotidiano. Una institución de caridad nos pide por la tele que si aportamos $100 USD, salvamos la vida de 30 niñas en África. ¿Aportaríamos $200 USD para salvar 60? ¿Aportaríamos todo nuestro patrimonio para salvar miles de niñas en África? ¿Y si las pobres niñas viven en nuestra comunidad? ¿Y si nuestro vecino nos pidiera $1000 USD para salvar a su hijita, los aportaríamos? ¿Y si fuera nuestra hija, aportaríamos más? ¿Por qué?
En fin, que parece que mientras más lejos está el problema, menos sentimos la necesidad de ser bondadosos. ¿O, es que la caridad empieza por casa? ¿O, volviendo al tema que discutíamos en los comentarios de una nota anterior; será que la pirámide que describía Sergio, se sostiene ayudada por la frialdad de la distancia? ¿O, en otras palabras, estaremos mucho más preocupados por nuestras familias que por las de los chinos?
No nos olvidemos que Deng Xiao Ping logró con sus reformas, que comenzaron el año 1978, sacar de la extrema pobreza (menos de $1 USD diario) a 350 millones de chinos—un logro admirable, desde todo punto de vista. ¿Pero, nos importa realmente?
Estoy seguro que los evolucionistas como Álvaro podrían explicar lo anterior a través de la conservación de nuestros genes (¿o memes?); de ahí, nuestro sentido de comunidades; quizás, hasta nuestra religiosidad, que nos ayudaría a aglutinarnos en comunidades mayores, en desmedro de otras… A propósito, les recomiendo esta discusión.
Es más, si fuésemos perfectamente buenos, dejaríamos de existir, avasallados por los más malos—por ende, la maldad en alguna medida, tiene que estar inscrita en nuestros genes, para procurar nuestra subsistencia… ¿Seremos capaces de controlar esta perversión, o estaremos condenados a desaparecer?
Que como comentaban Andrea y Gabriel, Wikipedia y muchos otros proyectos digitales se están regalando... ¿Qué relación tiene esta nueva actitud tecnológica con el bien, o, el paraíso terrenal?
En fin, quería dejar el tema planteado.
...Y, después de esta vuelta de carnero, corro a esconderme detrás de unas faldas: las de Mónica.
Ahora, no pretendo profundizar en esta relación; más bien, es el tema del “bien y el mal” el que hace tiempo está golpeando mi puerta. Y, que me atrevo a abordar, apoyado en alguien que haya leído mucho más filosofía que yo, Mónica; porque debo reconocer que soy ignorante en este tema—pero, hay que empezar por algún lado, y como para eso no se necesita mucho, aquí va…
A propósito, Mónica todavía no sabe del requerimiento de sus servicios—estoy contando con provocarla intelectualmente, veremos...
Decía que el “bien y el mal” ha estado llamando mi atención desde hace algún tiempo… Quizás la gota que rebalso el vaso, fue el discurso dieciochero del Papa, en que me sorprendió con su reconocimiento a la influencia helénica sobre la Biblia, que no se limitó a una simple traducción, sino que incluyó, al menos, una profunda alteración: la concepción del Dios occidental; después de Grecia, Dios es bueno—antes, no necesariamente; incluso, podía romper su palabra. Mi interpretación completa del discurso la encuentran aquí.
Pero, aún después de los griegos, Dios deja todos los días que muera gente inocente. Me acordaba de los padres judíos de Norman Finkelstein, que dejaron de creer después del holocausto, después que los nazis asesinaron a sus familiares, junto a otros seis y medio millones de judíos. ¿Y, quién los puede culpar?
Si Dios hace el bien, entonces ¡la cosa parece bastante complicada!
En todo caso, la cuestión del bien pareciera ser una de balances…
Por ejemplo, en una clínica hay seis pacientes: cinco de ellos necesitan un transplante de órgano para sobrevivir—el sexto sólo está resfriado. ¿Estará bien sacrificar al que tiene todos sus órganos, para salvar a los otros cinco? ¿O estará mejor sacrificar a uno de los que iba a morir, para removerle sus órganos y salvar a los otros cuatro, que con el del resfriado, totalizan cinco? ¿Por qué no? ¿Y si uno de los que necesitan transplante es hijo nuestro? ¿O, el del resfrío es hijo nuestro, y nos dicen que lo van a sacrificar? ¿Qué opinaríamos?
Y, quizás, uno más cotidiano. Una institución de caridad nos pide por la tele que si aportamos $100 USD, salvamos la vida de 30 niñas en África. ¿Aportaríamos $200 USD para salvar 60? ¿Aportaríamos todo nuestro patrimonio para salvar miles de niñas en África? ¿Y si las pobres niñas viven en nuestra comunidad? ¿Y si nuestro vecino nos pidiera $1000 USD para salvar a su hijita, los aportaríamos? ¿Y si fuera nuestra hija, aportaríamos más? ¿Por qué?
En fin, que parece que mientras más lejos está el problema, menos sentimos la necesidad de ser bondadosos. ¿O, es que la caridad empieza por casa? ¿O, volviendo al tema que discutíamos en los comentarios de una nota anterior; será que la pirámide que describía Sergio, se sostiene ayudada por la frialdad de la distancia? ¿O, en otras palabras, estaremos mucho más preocupados por nuestras familias que por las de los chinos?
No nos olvidemos que Deng Xiao Ping logró con sus reformas, que comenzaron el año 1978, sacar de la extrema pobreza (menos de $1 USD diario) a 350 millones de chinos—un logro admirable, desde todo punto de vista. ¿Pero, nos importa realmente?
Estoy seguro que los evolucionistas como Álvaro podrían explicar lo anterior a través de la conservación de nuestros genes (¿o memes?); de ahí, nuestro sentido de comunidades; quizás, hasta nuestra religiosidad, que nos ayudaría a aglutinarnos en comunidades mayores, en desmedro de otras… A propósito, les recomiendo esta discusión.
Es más, si fuésemos perfectamente buenos, dejaríamos de existir, avasallados por los más malos—por ende, la maldad en alguna medida, tiene que estar inscrita en nuestros genes, para procurar nuestra subsistencia… ¿Seremos capaces de controlar esta perversión, o estaremos condenados a desaparecer?
Que como comentaban Andrea y Gabriel, Wikipedia y muchos otros proyectos digitales se están regalando... ¿Qué relación tiene esta nueva actitud tecnológica con el bien, o, el paraíso terrenal?
En fin, quería dejar el tema planteado.
...Y, después de esta vuelta de carnero, corro a esconderme detrás de unas faldas: las de Mónica.
Wednesday, October 04, 2006
¿Un mundo sin flores?
Creo que nuestras diferencias, y a veces las más profundas, son debidas a nuestras distintas apreciaciones de la naturaleza humana.
Claro... hay algunos que creen que podríamos compartir todo—tomaditos de la mano—y que el mundo funcionaría a la perfección. Quizás algún día, hoy no—el ser humano es egoísta— ¿o no lo es?
Hay un fenómeno que quiero comentar, llamémosle netscapeando, en que la gente está compartiendo los frutos de su sacrificado trabajo sin esperar una recompensa material. Quizás este ejemplo no es perfecto; los creadores de netscape esperaban tener ingresos vendiendo anuncios a través de su browser—no les fue bien, apareció el gigante Explorer y netscape agonizó hasta que AOL lo compró por billones de USD para eventualmente desaparecer… Por eso el ejemplo no es bueno, empezó mal y termino más mal, en cuanto a desinterés se refiere—aunque los creadores de netscape están felices.
Entonces, el modelo es uno de regalar a muchos para luego obtener los frutos de unos pocos anunciantes y otros. Donde, el punto fundamental es que se está regalando a muchos a cambio de una recompensa incierta—ésta es la médula del modelo.
En realidad, no es nada nuevo—es el modelo fundamental de todo empresario: arriesgar capital y trabajo por una recompensa incierta. Quizás, lo particular de los empresarios que netscapean es que le regalan sus bienes a muchísimas más personas—y claro, propagar los bits no cuesta nada, o muy poco; es el conocimiento el que vale—propagarlo, casi nada.
Pero, ¿dónde quiero llegar con todo esto? Paciencia… ya me di la vuelta de carnero, estoy patas pa’rriba—pensando…
Es que… el conocimiento se está regalando también, ¡sin esperar recompensa! Vean este post en el blog de Gabriel. Y creo que esto no es nuevo, me recuerda a Apple en los tiempos en que sus programadores eran conocidos por su informalidad—y su desprecio por los espacios de desarrollo cerrados, como el de Microsoft.
En fin, que creo que la revolución de las flores que comenzó con los hippies en los años '60 fue el inicio de un futuro que yo veía muy lejano; pero, que está mucho más cerca—la tecnología actual ha facilitado el modelo de las flores: si nos regalamos desinteresadamente, ganamos todos…
Si agregamos el efecto BRIC (Brasil, Rusia, India, China y otros: Malasia, Tailandia, Taiwán…), o la incorporación de más de 3 mil millones de personas al campo laboral, pareciera que nos estamos acercando al paraíso terrenal donde todo (o casi todo) se regala… Los invito a ver esta impresionante gráfica de la inflación mundial; que muestra como han caído dramáticamente los precios en el mundo, en los últimos años:
¿Qué nos espera, el paraíso terrenal de los precios o el infierno del desempleo? Creo que depende de nosotros, que hay que andar con mucho cuidado; el precipicio lo veo muy cercano—pero, las oportunidades: nunca antes vistas.
En Chile, no podemos seguir tropezando, ni titubear, hay que ayudar y fomentar a los que tienen ideas: a los empresarios—si nos equivocamos en esta encrucijada, y tomamos el camino de la rutina, creo, ¡se nos marchitan las flores! Y sin flores, la vamos a pasar muy mal.
...Y en este espíritu, ofrezco la autoría de los temas a quien quiera exponer sus ideas en este blog—me envían por mail sus datos, y ¡ya! La idea me intriga...
Claro... hay algunos que creen que podríamos compartir todo—tomaditos de la mano—y que el mundo funcionaría a la perfección. Quizás algún día, hoy no—el ser humano es egoísta— ¿o no lo es?
Hay un fenómeno que quiero comentar, llamémosle netscapeando, en que la gente está compartiendo los frutos de su sacrificado trabajo sin esperar una recompensa material. Quizás este ejemplo no es perfecto; los creadores de netscape esperaban tener ingresos vendiendo anuncios a través de su browser—no les fue bien, apareció el gigante Explorer y netscape agonizó hasta que AOL lo compró por billones de USD para eventualmente desaparecer… Por eso el ejemplo no es bueno, empezó mal y termino más mal, en cuanto a desinterés se refiere—aunque los creadores de netscape están felices.
Entonces, el modelo es uno de regalar a muchos para luego obtener los frutos de unos pocos anunciantes y otros. Donde, el punto fundamental es que se está regalando a muchos a cambio de una recompensa incierta—ésta es la médula del modelo.
En realidad, no es nada nuevo—es el modelo fundamental de todo empresario: arriesgar capital y trabajo por una recompensa incierta. Quizás, lo particular de los empresarios que netscapean es que le regalan sus bienes a muchísimas más personas—y claro, propagar los bits no cuesta nada, o muy poco; es el conocimiento el que vale—propagarlo, casi nada.
Pero, ¿dónde quiero llegar con todo esto? Paciencia… ya me di la vuelta de carnero, estoy patas pa’rriba—pensando…
Es que… el conocimiento se está regalando también, ¡sin esperar recompensa! Vean este post en el blog de Gabriel. Y creo que esto no es nuevo, me recuerda a Apple en los tiempos en que sus programadores eran conocidos por su informalidad—y su desprecio por los espacios de desarrollo cerrados, como el de Microsoft.
En fin, que creo que la revolución de las flores que comenzó con los hippies en los años '60 fue el inicio de un futuro que yo veía muy lejano; pero, que está mucho más cerca—la tecnología actual ha facilitado el modelo de las flores: si nos regalamos desinteresadamente, ganamos todos…
Si agregamos el efecto BRIC (Brasil, Rusia, India, China y otros: Malasia, Tailandia, Taiwán…), o la incorporación de más de 3 mil millones de personas al campo laboral, pareciera que nos estamos acercando al paraíso terrenal donde todo (o casi todo) se regala… Los invito a ver esta impresionante gráfica de la inflación mundial; que muestra como han caído dramáticamente los precios en el mundo, en los últimos años:
¿Qué nos espera, el paraíso terrenal de los precios o el infierno del desempleo? Creo que depende de nosotros, que hay que andar con mucho cuidado; el precipicio lo veo muy cercano—pero, las oportunidades: nunca antes vistas. En Chile, no podemos seguir tropezando, ni titubear, hay que ayudar y fomentar a los que tienen ideas: a los empresarios—si nos equivocamos en esta encrucijada, y tomamos el camino de la rutina, creo, ¡se nos marchitan las flores! Y sin flores, la vamos a pasar muy mal.
...Y en este espíritu, ofrezco la autoría de los temas a quien quiera exponer sus ideas en este blog—me envían por mail sus datos, y ¡ya! La idea me intriga...
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